Detenido un asesino que no saludaba a sus vecinos por la escalera

De nuevo la colaboración ciudadana ha sido clave para la resolución de un caso que parecía enquistado, el crimen de la mochila. Las líneas de investigación se encontraban en punto muerto hasta que apareció en escena el testimonio de una mujer. Dolores Marín, una venerable octogenaria, acudió a la comisaría de Puerto Hurraco con algo más que una bolsa de tela llena de coles de Bruselas. Traía información, más fresca que las susodichas hortalizas. Se presentó visiblemente nerviosa creyendo saber quién había perpetrado semejante asesinato. Dolores explicó a los agentes que en su comunidad vivía desde hacía varios meses un hombre que no saludaba a ningún vecino. “Me extrañó mucho que esta persona se comportara así, de modo que después de ver las noticias fui atando cabos y pensando que esta persona, pese a vivir a cientos de kilómetros de donde se produjo el asesinato, tenía algo que ver”.

Uno de los agentes que atendió a Dolores explicó que “era una pista sólida, ya que es sabido que los asesinos saludan siempre por las escaleras. Aun así faltaba algo más para solicitar al juez que ordenara la detención”. Fue entonces cuando la anciana mencionó otro dato relevante. “Cuando coincidía con él en el ascensor, no hablaba del tiempo.” Con esta segunda información los policías no tuvieron duda de que se trataba del criminal que andaban buscando.

El portavoz del CNP subrayó la importancia de ponerse en contacto con el Cuerpo si detectan que algún vecino se muestra antipático, no saluda por las escaleras o no habla del tiempo en el ascensor. Son rasgos, al parecer, que definen la psicopatía del asesino español. 

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