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Sorprenden al perro del hortelano hinchándose a comer a escondidas

Harto de la inanición, y de la mala fama, decide poner fin a su ayuno permanente: «que cada cual coma lo que pueda, yo ya no aguanto mas» gritaba mientras masticaba a boca llena.

Estigmatizado por su supuesta tendencia a no dejar comer al prójimo, y no solo en lo estrictamente culinario, dice que no se piensa privar de nada: «voy a pillar todo lo que pueda… sin piedad. Se acabó eso de andar lánguido e indeciso por la vida. A partir de ahora… a saco Paco».

Declara ser víctima de una campaña de desprestigio, acoso y derribo, desde tiempos de Góngora. «Es muy fácil culpar al perro del Hortelano, y para colmo la películita de Pilar Miró no ayudó en nada».
Nada parece quedar del ni come ni deja comer, y al cierre de esta edición se le ha visto merodeando por parques y callejones en pos de hembra decidida que tenga las ideas claras y sin malos rollos.